Fue un accidente tremendo. Ese día, el 29 de julio de 2010, marcó para siempre un antes y un después en la vida de María Belén Vernanchet y de su familia. La joven, que tenía 20 años, fue atropellada por una moto cuyo conductor, según la Policía y testigos, pasó en rojo el semáforo de Rivadavia y Sarmiento. Cuando ocurrió el choque, Vernanchet, estudiante de Ciencias de la Comunicación, salía de la facultad. Por las heridas que sufrió, estuvo internada en estado de gravedad durante un largo tiempo. Si el motociclista que la embistió hubiese tenido seguro contra terceros, seguramente las cosas habrían sido menos difíciles para la familia, sostiene el padre de la muchacha, Juan Vernanchet. La víctima habría tenido ayuda económica para los gastos de salud, días de incapacidad y daño moral, entre otras cosas. Pero no recibieron nada. Tuvieron que golpear muchas puertas y pedir ayuda a amigos y funcionarios, porque no tenían obra social. "No me quejo, el Ministerio de Salud me colaboró mucho. Sin embargo, me da impotencia y bronca que la causa esté estancada en Justicia, que no se haya hecho nada para que el motociclista pague por todos los daños que nos ocasionó. Y no hablo sólo de lo económico", expresa. "Mi hija quedó con secuelas, sobre todo emocionales. Antes del accidente era aplicadísima; ahora todo le cuesta más. Mientras estuvo internada, sufrió un ACV que le afectó muchísimo", indicó. "Financieramente, esto nos perjudicó un montón. No sólo por los gastos, sino también por todo el trabajo que uno perdió para poder acompañarla en los momentos más difíciles. Eso no te lo paga nadie. Tampoco el hecho de que mi hija ya debería estar recibida", contó. Según Vernanchet, si todos los motociclistas circularan cumpliendo las reglas y con el seguro que corresponde, se ahorraría mucho sufrimiento a las víctimas. "Tuve que andar pidiendo como un miserable hasta para comer, para comprar medicamentos. Quedamos en una situación muy crítica, lamentable", concluyó.